La historia de los Cerros Orientales es una historia de personas, de motivaciones políticas, culturales y económicas. En esta sección vamos a hacerles frente a algunas de las preguntas que surgen cuando uno incluye estos factores. Son preguntas que tocamos en el video, pero acá las podemos responder con más calma.

¿Por qué no sirvió la reserva forestal del 77?

Declarar la reserva forestal era el primero de varios pasos necesarios para proteger los Cerros y, por desgracia, fue el único paso que dimos en ese entonces.

El objetivo de la reserva era proteger los Cerros. Básicamente, eso se refiere a dos cosas: que no se urbanicen y que no se utilicen para explotar recursos naturales. Y si bien se puede argumentar que la reserva sirvió para proteger gran parte de la montaña, lo cierto es que ambas cosas siguieron ocurriendo después de 1977. ¿Por qué pasó eso?

En esencia, por dos cosas: por la falta de una cartografía que delimitara el territorio que hacía parte de la reserva en aquella época y por la minería ilegal y las construcciones también ilegales.

La falta de cartografía significaba que no había claridad respecto de los límites del suelo que debía ser protegido. Es decir, los propietarios no tenían una norma clara y, por eso, seguían trabajando la tierra para extraer materiales o para ponerla a producir.

En ese sentido, hubo una parte de ilegalidad que fue consecuencia de la falta de información oficial. Pero también hubo (y sigue habiendo) ilegalidad por cuenta propia. Es muy fácil impedir que se hagan construcciones legales o minería legal, pues se necesitan permisos y licencias que el Estado puede no expedir. Lo que no es tan fácil es impedir que la gente que no pide permiso construya o utilice el terreno para sus propósitos sin respetar la naturaleza. En esa medida, la reserva forestal del 77 no sirvió porque sólo se declaró en una resolución, pero no se llevó a cabo ninguna estrategia de seguimiento o control adicional que sirviera para protegerla de la informalidad.

¿Qué necesitábamos además de declarar la reserva forestal?

Además de registrar la reserva, necesitábamos las bases legales para entablar un diálogo con los dueños y para definir estrategias económicas y sociales que hicieran viable la protección de la reserva forestal. Esto fue lo que plantearon el Acuerdo 6 y el POMCO.

Además de que la Resolución 76 de 1977 declarara la reserva forestal en los Cerros, era necesario implementar estrategias técnicas y jurídicas que reforzaran y dieran cumplimiento a esta decisión. Y resulta que faltó la cartografía para hacer el registro en los folios de matrícula de los predios, faltaron incentivos económicos para que los propietarios se comportaran de manera acorde con la reserva, faltó la labor de control y seguimiento por parte de la administración, faltó una caracterización completa de la población que habitaba y trabajaba la montaña, faltó un trabajo pedagógico que les diera herramientas para acomodar su vida a las nuevas condiciones del suelo y, en general, faltó que el Estado fuera consecuente con su decisión.

Eso en términos generales. Pero concretamente, también habría sido necesario contar con los costos del proyecto de recuperar la reserva que se había perdido. No sólo porque había que comprar predios, sino porque también había que demoler barrios informales, recuperar el terreno, reforestar canteras y resolver el problema social de la vivienda informal asentada allí. Adicionalmente, se tendría que contratar personal de cuidado y mantenimiento y muchas cosas que sumarían una fortuna impagable para el Estado.

Sin embargo, considerando que gran parte del terreno era propiedad privada, ¿por qué no protegieron la reserva sus dueños? Básicamente, porque no se definió ningún incentivo para que lo hicieran. Pero, ¿cómo así? ¿Por qué alguien necesitaría un incentivo para proteger lo que es suyo? La respuesta es que, sin incentivos, no es buen negocio ser dueño de un predio dentro de una reserva forestal: ahí no se puede cultivar, no se puede construir y no se puede vender porque a nadie le interesa comprar una tierra en esas condiciones. En resumen, es mal negocio porque no se les puede sacar plata ni vivir en ellos. Ahora, el Estado sí podría comprar para proteger lo que definió como reserva. Pero eso nos devolvería a la alternativa del párrafo anterior y, de nuevo, se necesitaría demasiado dinero.

Así pues, además de registrar la reserva, necesitábamos las bases legales para entablar un diálogo con los dueños y para definir estrategias económicas que hicieran viable la protección. Pero el primer paso era registrar la reserva en los folios de matrícula inmobiliaria de cada uno de los predios para tener claridad respecto de quiénes quedaban afectados por dicha reserva. Y esto sólo se vino a hacer 28 años después por una acción de cumplimiento interpuesta en el 2001.

A propósito del tema de la protección, Andrés Briceño, en su entrevista, habla sobre las herramientas legales y los problemas para usarlas de forma efectiva.

¿Qué pasó con los antiguos dueños de los predios?

Algunos dueños abandonaron los lotes a su suerte, otros los cedieron a los trabajadores de minería y agricultura y hubo otros dueños que ayudaron a conservar la naturaleza.

En el video nos limitamos a decir que los antiguos dueños no hicieron nada, que simplemente abandonaron sus predios. Y eso es verdad, pero no en todos los casos. Lo cierto es que la declaración de la reserva dejó un poco desconcertadas a las personas que llevaban muchos años construyendo un estilo de vida en los Cerros. Ese estilo de vida incluía la extracción minera, la agricultura y, por supuesto, la vivienda.

El caso es que algunas de estas personas dejaron los lotes abandonados a su suerte y eso dio paso a la formación de barrios ilegales. Otras personas cedieron sus tierras a los trabajadores que tenían allí y estos trabajadores siguieron haciendo lo que sabían hacer: minería y agricultura. Pero también hubo dueños que sí decidieron proteger la naturaleza.

En una parte de su entrevista, Germán Camargo nos cuenta sobre el impacto de la declaratoria en algunos de sus habitantes. Vale la pena escucharlo.

¿Qué hay en los Cerros en este momento?

En términos de la naturaleza, la respuesta la damos en la sección de Lo ecológico. En términos sociales, hoy encontramos allí cosas como el Colegio Nueva Granada, el Colegio Ramón B. Jimeno, la Universidad Manuela Beltrán, la unidad deportiva de la Universidad de los Andes, una construcción de la Universidad Externado, el Instituto Roosevelt y el Instituto Humboldt. Esto es lo que se conoce como “construcciones de uso dotacional”. Pero también hay barrios como el San Isidro, La Perseverancia, el San Blas, el Codito, Bosques de Torca, Bosque Calderón Tejada, Pardo Rubio y El Paraíso, entre otros. Todos estos son los afectados actualmente por lo que la Resolución 76 de 1977 declaró como reserva.

¿Por qué se legalizaron barrios dentro de la reserva?

(1) DAMA (2000), Protocolo distrital de restauración ecológica, p. 177. Ver el documento.

Para empezar, tengamos presente que, según la Subsecretaría de Planeación, antes del POT del 2000 se habían legalizado 35 barrios ubicados en la franja de adecuación, o sea, en aquella parte de la reserva del 77 que fue extraída en la Resolución 463 de 2005 (en este enlace explicamos qué es esta franja).

Lo que busca la legalización es mejorar las condiciones de vida de las personas que habitan los barrios informales y también mejorar las condiciones de uso del espacio (por ejemplo, el manejo de aguas residuales o de las basuras). Para hacer esto, entonces, hay que poner en la balanza los aspectos ecológicos, los económicos y también los derechos sociales de los habitantes de aquellos barrios.

Si esto es así, entonces, se legalizaron barrios dentro de la reserva del 77 porque no hubo una estrategia social y económica que ayudara a hacer valer los derechos sociales de los habitantes y que, al mismo tiempo, permitiera conservar en su totalidad los valores ecológicos de la reserva. O sí la hubo: eso fue precisamente el Acuerdo 6 de 1990, una estrategia social, económica y ecológica. Pero no tuvo alcance suficiente por las razones presentadas en esta respuesta.

Otra razón por la cual se legalizaron barrios informales dentro de la reserva fue su valor político. Así lo afirmó el DAMA en el 2000:

Existen […] grupos políticos dedicados a promover [barrios informales] y su equipamiento, como parte de su manejo del mercado electoral. [Ellos crean] una dinámica anómala, en la que los pobres necesitan áreas pobres y degradadas para asentarse, mientras que los politiqueros necesitan asentamientos empobrecidos y amenazados para sostener sus prebendas políticas y económicas (1).

Por supuesto, uno puede argumentar que, en términos humanos, es importante legalizar esos barrios y que tiene sentido que los políticos se preocupen por ello. Pero la legalización se vuelve perversa cuando se promueve la informalidad en detrimento del medio ambiente, pues se crean situaciones precarias para la naturaleza y para las personas. Luego, estas situaciones se capitalizan con fines políticos.

En la sección Lo jurídico explicamos en qué consiste la legalización de barrios.

¿Cómo aparecieron los constructores legales en esta historia?

El Acuerdo 6 de 1990 no buscaba construir para dañar los cerros, sino recuperar y construir para protegerlos.
Wilson Hernández vivió durante varios años en un barrio informal que luego fue incorporado a la ciudad en el marco del trato con los constructores. En esta entrevista, él nos cuenta la experiencia de haber vivido allá, habla de la negociación con los constructores y de lo que ocurrió después.

Los constructores legales fueron convocados por el Distrito con base en el Acuerdo 6 de 1990. Este tema se menciona bastante en el video ¿Árboles contra ladrillos?, de manera que aquí sólo conviene hacer un par de aclaraciones.

Hay un problema económico que recorre toda esta historia. Se necesita dinero para proteger los Cerros, se necesita dinero para comprar propiedades, se necesita dinero para legalizar barrios y se necesita dinero para recuperar la vegetación que hemos perdido. El trato que el Distrito les propuso a los constructores era una solución que buscaba resolver el tema económico y beneficiar a todas las partes. Si la pregunta clave era “¿de dónde sale el dinero?”, la respuesta con base en el Acuerdo 6 fue ésta: el dinero sale de las personas que quieren vivir en apartamentos construidos arriba de la Circunvalar. Dada la posibilidad de construir esos apartamentos, aparecían los recursos suficientes para reforestar una zona que ya había sido urbanizada, para regalarle terrenos recuperados vegetalmente al Distrito y también para ayudar a las personas que vivían allí en condiciones de riesgo a ubicarse en otro lugar de la ciudad. Los constructores fueron los encargados de llevar a cabo todo esto.

Desde el punto de vista del Distrito, esta estrategia era una forma de proteger la reserva forestal por tres razones. Primero, porque los planes de construcción buscaban frenar definitivamente el crecimiento de barrios informales en esas zonas. Segundo, porque se recuperaba parte de la vegetación que se había perdido. Y tercero, porque el Distrito se ahorraba los costos de legalizar esos barrios, lo que implicaba llevarles servicios públicos, vías pavimentadas, etc. (Ver explicación del proceso de legalización.)

Desde el punto de vista de las personas que habitaban esos barrios, el beneficio estaba en que podían mejorar dramáticamente sus condiciones de vida. Así lo expresa Wilson Hernández, un antiguo habitante de los Cerros. Escucharlo en su entrevista nos ayuda a entender un poco mejor cómo fue la negociación y qué pasó con las personas que vivían allí. También se puede escuchar el testimonio de los Castro en estas tres entrevistas: Piedad, Edmundo y Paola.

Finalmente, se suponía que los constructores también iban a salir ganando porque podían construir apartamentos en una zona ideal. “Se suponía”, decimos, porque justo cuando ellos iban a empezar a construir se enredó la historia legal y frenó sus proyectos aprobados. Vea acá por qué.

¿Cómo fue el proceso de negociación con los habitantes informales de los Cerros?

La familia Castro fue llamada por algunas familias de los barrios informales para que les ayudara en el proceso de negociación con los constructores. Esta es la entrevista a Piedad Gómez. En estos enlaces pueden ver la entrevista a su esposo Edmundo y a su hija Paola.

Con base en el Acuerdo 6 de 1990, el Distrito les propuso a los constructores que recuperaran las tierras erosionadas por los barrios informales y por las canteras a cambio de la posibilidad de desarrollar proyectos de construcción. Esto, por supuesto, suponía negociar con los habitantes de barrios informales que habían obtenido títulos de pertenencia. Ellos, enterados de la posibilidad de vender a los constructores, vieron en aquel acuerdo una oportunidad. Y así fue como empezaron los procesos de concertación entre el Distrito, algunos habitantes de los Cerros y los constructores.

El objetivo de la negociación era encontrar un precio que fuera razonable para los constructores, pero que diera a las familias dinero suficiente para comprar vivienda y armar un proyecto de vida en otro lado de la ciudad. La abogada Luz Piedad Gómez de Castro, quien había ayudado a adelantar algunos procesos de pertenencia, fue llamada por los habitantes para que también les ayudara en esta negociación. Así fue como la familia Castro entró a esta historia y pueden escucharlos en las entrevistas que nos concedieron: Piedad, Edmundo y Paola. Pero resumamos el proceso en términos generales.

Lo primero era acordar un precio. La familia Castro se encargó de negociar con los constructores y con cada una de las familias para llegar a una cifra con la que ambas partes estuvieran de acuerdo. Esto, por supuesto, no era una negociación cualquiera en la que se trataba de comprar tierra y ya; había que ayudar a resolver un problema social que el Estado, por sí solo, no había podido.

Una vez acordada la cifra, los constructores depositaron el dinero en una fiduciaria. Esa fiduciaria servía para darles garantías a ambas partes. Los constructores necesitaban estar seguros de que todas y cada una de las familias iban a comprar viviendas en otros lugares de la ciudad y que iban a dejar sus predios en los Cerros. Por su parte, las familias necesitaban estar seguras de que iban a recibir el dinero. La fiduciaria era, entonces, un respaldo para todos los involucrados. Cuando las familias ya habían conseguido vivienda nueva, la fiduciaria hacía el desembolso y se cerraba el negocio.

El modelo fue tan exitoso la primera vez que las familias de los otros tres barrios se acercaron a los Castro para que les ayudaran a hacer un negocio semejante. Así es como cientos de familias han podido vender propiedades que alguna vez fueron barrios informales a un precio suficientemente bueno como para construir un proyecto de vida en otros lugares de la ciudad.

¿Por qué son tan importantes los Cerros?

Germán Camargo es experto en los Cerros y ha sido asesor en temas ambientales para distintas administraciones. Particularmente, fue el encargado de elaborar el Plan de Ordenamiento y Manejo de los Cerros Orientales (POMCO). En esta entrevista habla de la manera como Bogotá se ha relacionado con la montaña, del POMCO y, en general, de la relación entre urbanismo y protección de la naturaleza.

Los Cerros Orientales son un símbolo de la ciudad. Y si bien se piensa en sus valores ecológicos cuando se habla de protegerlos, es curioso notar que su valor principal está arraigado en lo cultural. Esta idea la presenta Germán Camargo en su entrevista. Conviene escucharlo. Pero repasemos la idea brevemente.

Pensemos que la relación entre los seres humanos y la naturaleza muchas veces ha quedado marcada por la confrontación. En algún momento, la ciudad se llegó a ver como un espacio que nos protegía a nosotros del bosque, de “lo salvaje”. Pero en un momento posterior, vimos a la naturaleza como necesitada de protección; fuimos nosotros, con nuestro ímpetu de urbanización y consumo, los que resultamos siendo una amenaza para ella.

Esta idea de confrontación debe superarse. Y esa es justamente la oportunidad que nos ofrecen los Cerros. Si bien no se niega que los Cerros Orientales tienen un valor ecológico importante que debe ser conservado, también es fundamental reconocer que tienen justo al lado una ciudad con cerca de 8 millones de habitantes. Una ciudad como Bogotá tiene el privilegio de descansar en el regazo de una montaña imponente, con una gran diversidad de especies de fauna y flora y toda una posibilidad de desarrollo paisajístico, recreativo y cultural.

Ese es el gran valor de los Cerros Orientales, pues ellos le ofrecen a la Capital la oportunidad de repensar la manera como los humanos nos relacionamos con la naturaleza. Porque además de los servicios ecológicos que nos brindan, los Cerros Orientales son un referente paisajístico, tienen una enorme oferta escénica y son también un espacio que se presta para la recreación, la investigación y la educación. No son, pues, un ente indefenso que debemos proteger de nosotros sino un espacio ideal para reconstruir nuestra relación con la naturaleza.

¿Qué podemos hacer para mejorar la relación de la ciudad con los Cerros?

En el video ¿Árboles contra ladrillos? se mencionan posibles procesos de urbanización con miras a cerrar el borde de la ciudad.Esta idea no es obvia y conviene hacer un par de aclaraciones. Recordemos de esta respuesta que en los Cerros Orientales había unas zonas que perdieron su potencial ecológico pero otras fueron conservadas. La idea que descansaba en el POMCO (ver entrevista a Germán Camargo) era que las zonas afectadas podían desarrollarse con construcciones a cambio de que los propietarios regalaran a la ciudad las zonas conservadas y las que se podían recuperar.

De esta forma, los propietarios de zonas conservadas debían hacer alianzas con los propietarios de las otras zonas para poder negociar con el Distrito y así lograr que la ciudad obtuviera áreas protegidas y que los propietarios tuvieran incentivos para cuidar la naturaleza. La idea del Acuerdo 6, expresada con rigor técnico en el POMCO, era brillante.

Pero ¿en qué deja todo esto nuestra relación con los Cerros? Primero, en que las construcciones que estas normas permitían desarrollar estaban pensadas de manera estratégica para que impidieran el crecimiento posterior de la ciudad hacia la montaña. Segundo, en que estos desarrollos debían incluir muchas zonas para actividades ecológicas que invitaran a los ciudadanos a acercarse a la naturaleza. Y tercero, en que todo ello supone darle un tratamiento formal al borde entre la ciudad y la reserva, es decir, una forma de relación en la que cada cosa que se haga sigue un protocolo pensado para aprovechar y proteger los Cerros Orientales.